Primero debemos reconocer el daño
Lamentablemente, la organización Watchtower ha provocado sufrimiento a muchas personas y a sus familias.
Por ejemplo, esta comunidad surge, en buena medida, como respuesta a lo que consideramos uno de los errores más graves de la historia reciente de la organización Watchtower: la manera en que, durante la pandemia, se utilizó la autoridad religiosa para influir, manipular y presionar a los hermanos en asuntos relacionados con decisiones médicas personales.
Muchos hermanos sufrieron conflictos de conciencia, enfrentamientos familiares, divisiones y graves problemas como consecuencia de aquello.
Y eso quizá sea lo menos grave. Algunas personas todavía hoy están lidiando con enfermedades que atribuyen a haber cedido ante aquella presión, y otras han muerto. Para quienes confiaron en determinadas afirmaciones y recomendaciones, esto contrasta dolorosamente con la seguridad que se transmitía desde la organización y con expresiones relacionadas con permanecer “en la tierra de los vivos” (Salmo 27:13).
También se presentó un razonamiento todavía más delicado: que Jehová no permitiría que el Cuerpo Gobernante y otros siervos de tiempo completo siguieran determinadas recomendaciones si estas pudieran hacerles daño.
David Splane, miembro del Cuerpo Gobernante, planteó la siguiente pregunta:
“¿Permitiría Jehová que el Cuerpo Gobernante, sus ayudantes, los misioneros, un grandísimo porcentaje de betelitas y otros siervos de tiempo completo se vacunaran y siguieran otras instrucciones si eso les hiciera daño?”
— Informe 9 del Cuerpo Gobernante, 2021
Ver Informe 9 del Cuerpo Gobernante en JW.org →
Para nosotros, este razonamiento es especialmente grave porque introduce a Jehová como garantía de seguridad de una decisión médica. Sin embargo, aquellas recomendaciones sanitarias procedían de organismos y autoridades humanas, no de una revelación directa de Jehová.
Además, consideramos necesario examinar hasta qué punto se utilizaron las Escrituras para presentar esas recomendaciones como dirección divina y qué relación existió entre las políticas adoptadas por la organización y las recomendaciones de organismos internacionales como la OMS. La documentación correspondiente debe permitir al lector examinar por sí mismo esta cuestión.
Consultar documento de la OMS →
Usted puede comprender mejor por qué consideramos tan grave todo este asunto leyendo el siguiente libro:
Pero nuestra preocupación no se limita a determinar si una decisión concreta fue correcta o equivocada.
Existe un problema mucho más profundo:
¿Qué ocurre cuando un cristiano concede a un grupo de hombres suficiente autoridad como para permitir que decidan por su conciencia?
Y existe todavía otro problema:
¿Qué ocurre cuando quienes ejercieron esa autoridad se equivocan y después no reconocen su responsabilidad?
Consideramos especialmente preocupante cualquier razonamiento que termine atribuyendo los errores humanos a la manera progresiva en que Jehová proporciona comprensión. Ese razonamiento puede producir una consecuencia muy peligrosa: si la luz procede de Dios, entonces el error termina explicándose como algo que Dios todavía no permitió comprender, y la responsabilidad humana queda diluida.
Creemos que ese razonamiento es incorrecto.
Lamentablemente, consideramos que la organización Watchtower, por medio del Cuerpo Gobernante, ha recurrido repetidamente a este tipo de explicación para justificar errores y evitar asumir plenamente su responsabilidad.
Aquí puede verse un ejemplo de cómo se utiliza esta idea para explicar que el Cuerpo Gobernante puede equivocarse porque todavía no comprende correctamente un asunto y que es Dios quien determina cuándo llega una mayor comprensión o “luz”.
Ver el video de Jeffrey Winder en JW.org →
Llevado a su consecuencia lógica, ese razonamiento plantea un problema muy serio: si el Cuerpo Gobernante actuó equivocadamente porque Jehová todavía no le había proporcionado suficiente luz, ¿sobre quién termina recayendo la responsabilidad del error?
No creemos que pueda trasladarse a Dios.
Los seres humanos seguimos siendo responsables de nuestras decisiones, de nuestras enseñanzas y, especialmente, de aquello que hacemos cuando otras personas depositan su confianza en nosotros.
Negar el propio pecado es, en sí mismo, un asunto espiritualmente grave. El apóstol Juan escribió:
“Si hacemos la declaración: ‘No tenemos pecado’, a nosotros mismos nos estamos extraviando y la verdad no está en nosotros.” 1 Juan 1:8
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda injusticia.” 1 Juan 1:9
“Si hacemos la declaración: ‘No hemos pecado’, lo estamos haciendo mentiroso a él, y su palabra no está en nosotros.” 1 Juan 1:10
Por lo tanto, reconocer una equivocación no debería considerarse una debilidad. Desde el punto de vista cristiano, reconocer el pecado, asumir responsabilidad y corregirlo forma parte del arrepentimiento.
Y, lo que es peor, este problema no apareció únicamente durante la pandemia.
A lo largo de la historia de la organización se han enseñado ideas y se han tomado decisiones que afectaron profundamente la vida de personas sinceras. En muchos casos, quienes sufrieron sus consecuencias sienten que el daño nunca fue reconocido y que, en lugar de recibir una disculpa, terminaron siendo responsabilizados ellos mismos.
El resultado puede ser devastador: decepción, resentimiento, rencor y, lamentablemente, en algunos casos, incluso odio.
Debemos reconocerlo con claridad: la organización Watchtower ha causado un daño real a muchas personas.
Pero, si queremos ser verdaderamente objetivos y honestos, debemos reconocer también otra realidad.
También debemos reconocer el bien
La organización Watchtower ha ayudado a muchísimas personas a mejorar profundamente su vida y a ponerse en el camino de Dios.
Algunas probablemente hoy estarían muertas, física o espiritualmente, si nunca hubieran encontrado ese camino.
Jesucristo habló de este camino y lo llamó “el camino angosto que lleva a la vida”, en contraposición con “el camino ancho que lleva a la destrucción” (Mateo 7:13, 14).
Pedro expresó de manera extraordinariamente sencilla lo que significa abandonar uno para comenzar a recorrer el otro:
“...para vivir el resto de su tiempo en la carne, ya no para los deseos de los hombres, sino para la voluntad de Dios.” 1 Pedro 4:2
Pedro contrapone dos maneras de vivir:
vivir para nuestros propios deseos
o
vivir para la voluntad de Dios.
Ese cambio interior, que termina manifestándose exteriormente en la manera de vivir, aparece en las Escrituras mediante diferentes expresiones.
Jesús habló de nacer de nuevo.
Pablo habló del hombre espiritual en contraste con el hombre físico.
También se habla de quienes son guiados por el espíritu de Dios.
Todas estas expresiones apuntan a una transformación profunda: una persona deja de colocar sus propios deseos en el centro de su existencia y decide orientar su vida hacia Dios.
Entonces debemos hacernos una pregunta:
¿Qué clase de personas ha producido la obra de los Testigos de Jehová?
Debemos reconocer que entre ellos existen muchísimas personas sinceras, con una fe extraordinaria.
Muchos estarían dispuestos a morir antes que actuar contra aquello que consideran la voluntad de Jehová.
Han abandonado conductas, oportunidades y formas de vida.
Han soportado oposición familiar, social y política.
Han dedicado años a estudiar las Escrituras y a hablar a otros acerca de Dios.
Muchos de quienes participamos en esta comunidad podemos reconocerlo especialmente bien porque conocemos y tratamos desde hace décadas a Testigos de Jehová y porque nosotros mismos conocimos importantes verdades bíblicas por medio de esta organización.
Lo que aprendimos transformó nuestra vida.
Nos puso en el camino de Dios.
Y produjo en nosotros una fe verdadera.
Por eso, si queremos analizar honestamente el papel que ha desempeñado la organización Watchtower, no podemos ignorar estos frutos.
Y esto nos conduce inevitablemente a una pregunta mucho más profunda:
¿Cómo debemos interpretar este hecho?
¿Descubrieron todas estas personas la verdad por sí mismas?
Podríamos pensar que millones de personas simplemente comprendieron por sí solas que debían cambiar completamente su vida y lo hicieron.
Pero Jesucristo dijo:
“Nadie puede venir a mí a menos que el Padre [...] lo atraiga.” Juan 6:44
También agradeció a su Padre porque determinadas cosas habían sido ocultadas de los sabios e intelectuales y habían sido:
“reveladas a los niños”. Mateo 11:25
La idea se repite constantemente en las Escrituras.
La verdad espiritual no es simplemente algo que nosotros descubrimos y de lo cual posteriormente podemos sentirnos orgullosos.
Es algo que recibimos, se nos da
Por eso Pablo preguntó:
“¿Qué tienes que no hayas recibido? Y, si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no lo hubieras recibido?” 1 Corintios 4:7
Esto debería producir en nosotros humildad.
Si hemos llegado a comprender algo verdadero, no tenemos razones para mirar con superioridad a quien todavía no lo comprende. Debemos preguntarnos:
¿Qué tenemos que no hayamos recibido?
Si Dios no nos hubiera permitido ver el camino, no lo veríamos. Comenzamos a recorrer el camino angosto cuando Dios nos atrae y nos permite comprender.
¿Qué podemos concluir de todo esto?
Podemos establecer dos ideas sencillas:
Primero: si Jehová atrae a las personas y les permite comprender la verdad mediante su espíritu, como enseñó Jesucristo;
Segundo: si reconocemos que millones de Testigos de Jehová han experimentado una verdadera transformación espiritual, algo que se manifiesta en su disposición a negarse a sí mismos, renunciar a sus propios deseos y poner su vida en armonía con lo que entienden que es la voluntad de Dios;
entonces consideramos razonable llegar a la siguiente conclusión:
Dios utilizó a la organización Watchtower como un instrumento para acercar a muchas de esas personas a Él.
Pero esta conclusión plantea inmediatamente una objeción:
¿Puede Dios utilizar un instrumento contaminado?
Algunos responden:
¿Cómo podría Dios utilizar como instrumento una organización que también ha cometido errores graves y enseñado cosas equivocadas?
A primera vista, esta objeción parece lógica.
Pero la verdadera pregunta es:
¿Es bíblica?
No solo creemos que no lo es, sino que las propias Escrituras muestran repetidamente lo contrario.
Y el mismo Jesucristo dejó un ejemplo extraordinariamente claro que nos permite comprobarlo.
Los siete candelabros
En Apocalipsis, Juan recibe una visión de Jesucristo glorificado.
Lo contempla en medio de siete candelabros de oro.
El propio relato explica su significado:
“Los siete candelabros representan siete congregaciones.”
Apocalipsis 1:20
El símbolo no es insignificante.
El candelabro formaba parte del mobiliario del santuario de Jehová. Dios había ordenado que fuera construido de oro puro y colocado dentro del lugar santo.
Éxodo 25:31-40; 26:35; 40:24-25.
Además, la Biblia utiliza repetidamente la luz para representar a los siervos de Dios transmitiendo verdad.
Jesús dijo:
“Ustedes son la luz del mundo.”
Mateo 5:14
Por eso la imagen resulta extraordinariamente apropiada.
Una congregación funciona como un candelabro: porta luz en medio de la oscuridad.
Ahora observemos uno de aquellos candelabros.
El sorprendente caso de Tiatira
Jesucristo dice:
“Y al ángel de la congregación que está en Tiatira escribe...” Apocalipsis 2:18
Tiatira era una ciudad de Asia Menor, en la que existía una congregación cristiana contemporánea de los apóstoles.
Jesucristo comienza reconociendo algo extraordinariamente positivo acerca de ella:
“Conozco tus hechos, y tu amor y fe y ministerio y aguante, y que tus hechos recientes son más que los de antes.” Apocalipsis 2:19
Cristo reconoce allí a cristianos verdaderos que estaban recorriendo el camino de la fe.
Ve amor.
Ve fe.
Ve ministerio.
Ve aguante.
Ve obras que incluso estaban aumentando.
Pero inmediatamente después dice:
“No obstante, sí tengo esto contra ti: que toleras a aquella mujer Jezabel, que a sí misma se llama profetisa, y enseña y extravía a mis esclavos...” Apocalipsis 2:20
Aquí aparece una realidad completamente diferente.
Dentro de aquella misma congregación cristiana, representada entre los candelabros que Cristo tenía bajo su autoridad, existía una influencia extremadamente peligrosa.
No sabemos con certeza si “Jezabel” era el nombre literal de una mujer, una designación simbólica o una referencia a una influencia más amplia. Lo que sí sabemos es lo que Cristo dice acerca de ella:
Enseñaba.
Afirmaba poseer autoridad profética.
Extraviaba a los esclavos de Cristo.
Y utilizaba esa supuesta autoridad espiritual para influir sobre otros.
Cristo condena a la congregación precisamente porque estaba tolerando esa situación.
Es decir, el problema no era únicamente que Jezabel existiera.
El problema era permitir que ejerciera esa influencia dentro de la congregación.
No se trataba simplemente de pequeños errores
Jesús continúa:
“Estoy a punto de echarla en un lecho de enfermo, y a los que cometen adulterio con ella, en gran tribulación, a menos que se arrepientan de los hechos de ella.” Apocalipsis 2:22
Y después dice:
“...a todos los que no tienen esta enseñanza, a los mismísimos que no llegaron a conocer las ‘cosas profundas de Satanás’...” Apocalipsis 2:24
Esto es extremadamente importante para nuestro argumento.
Cristo no describe lo que estaba sucediendo simplemente como pequeñas imperfecciones humanas o errores sin importancia.
Relaciona aquellas enseñanzas con:
“las cosas profundas de Satanás”.
Dentro de una de las congregaciones representadas por los candelabros existían, por tanto, enseñanzas y prácticas que Cristo condenaba con extraordinaria severidad. Esas enseñanzas provenían directamente de satanás
Sin embargo, observe lo que dice a los cristianos fieles de aquella misma congregación:
“Tengan firmemente asido lo que tienen hasta que yo venga.” Apocalipsis 2:25
No les dice:
“Todo lo que recibieron aquí es falso tirenlo a la basura .”
Les dice:
“Tengan firmemente asido lo que tienen.”
Esto nos obliga a distinguir entre dos cosas que a veces se confunden:
una organización o congregación puede contener errores graves y, al mismo tiempo, haber transmitido verdades espirituales genuinas.
El hecho de que exista corrupción dentro de una congregación no significa automáticamente que TODO lo que allí se enseñó proceda de Satanás y sea malo o inútil.
Cristo mismo muestra que sus discípulos podían permanecer fieles a Dios, aferrarse a la verdad que habían recibido y, al mismo tiempo, rechazar enseñanzas y prácticas que él condenaba.
Por eso, Tiatira constituye un precedente bíblico extraordinariamente importante para nuestra pregunta:
¿Puede Dios utilizar una organización o congregación que también contiene errores graves?
La respuesta que encontramos en las palabras del propio Cristo es que sí puede existir esa situación.
Y esto nos permite comprender mejor algo que, de otro modo, podría parecer contradictorio: el hecho de que una organización haya cometido errores graves no demuestra por sí mismo que todo lo que enseñó haya sido falso ni que Dios nunca pudiera haberla utilizado para acercar personas a Él.
Tiatira seguía siendo un candelabro
Aquí está el punto fundamental.
Recordemos el símbolo.
Tiatira seguía estando entre los siete candelabros.
Y el candelabro, como ya mencionamos, además de representar explícitamente a la congregación en Apocalipsis, tenía un trasfondo sagrado: pertenecía al mobiliario del santuario y estaba relacionado con el lugar santo.
Por lo tanto, dentro de aquello que Cristo seguía representando mediante un candelabro podían coexistir:
verdadera luz,
cristianos fieles,
amor,
fe,
ministerio,
y, simultáneamente:
engaño,
falsa autoridad espiritual
y hasta enseñanzas que Cristo relaciona con “las cosas profundas de Satanás”.
Imagine que pudiéramos visitar Tiatira hace aproximadamente dos mil años.
Podríamos encontrar allí a un cristiano sincero hablando con un gentil acerca de Jesucristo. Estaría comunicándole una verdad capaz de transformar su vida. Ese cristiano estaría actuando como una luz al hablar acerca de Cristo.
Podría invitar a aquella persona a reunirse con la congregación. Allí aprendería muchas verdades acerca de Dios, de Cristo y de las Escrituras, pero también podría encontrarse con enseñanzas relacionadas con Jezabel.
Recordemos que ese era precisamente el problema que Cristo había denunciado.
Entonces surge una pregunta inevitable:
¿Cómo podía Jesucristo continuar considerando aquella congregación como un candelabro?
¿No debería haberla eliminado de su lista de congregaciones representadas por los candelabros?
La respuesta que encontramos en las propias palabras de Cristo es importante:
La presencia de contaminación no significa que toda la luz haya desaparecido ni que una congregación quede automáticamente descartada.
Cristo podía reconocer el bien que existía en Tiatira, reprender con firmeza aquello que estaba mal y, al mismo tiempo, pedir a los cristianos fieles que se mantuvieran firmes en lo que habían recibido.
Esto nos enseña algo que debemos tener muy presente:
No debemos juzgar la realidad espiritual únicamente por la existencia de errores dentro de una estructura.
La pregunta correcta es qué enseñanzas son verdaderas, cuáles son falsas y qué actitud debemos adoptar ante cada una de ellas.
Y aquí aparece una cuestión todavía más profunda:
¿Debe Jesucristo adaptarse a nuestra manera de pensar, o debemos nosotros adaptar nuestra manera de pensar a lo que él enseña?
Si las Escrituras muestran una realidad que contradice nuestras expectativas, no corresponde modificar las Escrituras para que encajen con nuestra forma de pensar.
Corresponde ajustar nuestra forma de pensar a las Escrituras.
La idea de que Dios solo utiliza instrumentos incontaminados no es bíblica
Este ejemplo refuta una premisa que consideramos falsa:
La idea de que Dios jamás puede utilizar un instrumento humano porque dentro de él existen errores o contaminación no puede sostenerse bíblicamente.
Tiatira demuestra precisamente lo contrario.
Jesucristo es el Amo de la congregación.
Y Él mismo muestra que puede seguir reconociendo a una congregación representada por un candelabro mientras, al mismo tiempo, condena aquello que la está contaminando.
Cuando creemos que Dios solo puede utilizar organizaciones en las que no exista ningún error, estamos creyendo en un mito que las propias Escrituras no respaldan.
Pero Tiatira no es una excepción.
Esta misma realidad aparece una y otra vez en las Escrituras y tiene una importancia enorme para comprender lo que ocurre actualmente entre los Testigos de Jehová. Veamos otros ejemplos
Pérgamo: nuevamente, fidelidad y contaminación
Cristo dijo a la congregación de Pérgamo:
“Sigues aferrándote a mi nombre y no negaste tu fe en mí.” Apocalipsis 2:13
Cristo reconoce claramente su fidelidad.
Pero inmediatamente después añade:
“No obstante, tengo contra ti unas cuantas cosas: que tienes allí a los que tienen firmemente asida la enseñanza de Balaam, el cual anduvo enseñando a Balac a poner un tropiezo delante de los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a ídolos y a cometer fornicación.” Apocalipsis 2:14
Y continúa:
“Así tú, también, tienes a los que de igual manera tienen firmemente asida la enseñanza de la secta de Nicolás.” Apocalipsis 2:15
La misma realidad que encontramos en Tiatira aparece nuevamente en Pérgamo.
Dentro de aquella congregación existían enseñanzas que Cristo condenaba: la enseñanza de Balaam y la enseñanza de la secta de Nicolás.
No se trataba simplemente de diferencias de opinión sin importancia. Eran enseñanzas capaces de inducir a los cristianos a prácticas que violaban su relación con Dios y comprometían su conciencia.
Una vez más encontramos:
fidelidad y error coexistiendo dentro del mismo ámbito.
Encontramos una congregación en la que había cristianos que permanecían fieles a Cristo y que, al mismo tiempo, estaba contaminada por enseñanzas falsas que son catalogadas por Jesucristo de sectarias.
Y, sin embargo, Cristo seguía dirigiéndose a aquella congregación como responsable ante él. No la trató como si hubiera dejado automáticamente de pertenecerle por el simple hecho de que dentro de ella existieran enseñanzas corruptas.
Esto vuelve a mostrarnos un principio que ya vimos en Tiatira:
La existencia de contaminación dentro de una congregación no significa que toda la congregación haya dejado de ser cristiana ni que toda verdad que allí se enseñe haya quedado invalidada.
Cristo puede reconocer lo que está bien, identificar lo que está mal y exigir que sus discípulos rechacen aquello que los desvía.
Y esto resulta especialmente importante para nuestro análisis actual.
Si aplicamos el mismo principio al caso de los Testigos de Jehová, la existencia de errores graves, enseñanzas equivocadas o formas de ejercer autoridad que consideramos contrarias a las Escrituras no demuestra por sí sola que todo lo aprendido allí haya sido falso ni que Dios nunca pudiera haber utilizado ese medio para acercar personas a Él.
La pregunta, por tanto, no debería ser simplemente:
“¿Hay errores?”
La Biblia ya demuestra que puede haberlos.
La pregunta más importante es:
“¿Qué debemos hacer cuando encontramos esos errores y, al mismo tiempo, reconocemos que también hemos recibido verdades que transformaron nuestra vida?”
Incluso los apóstoles podían equivocarse y transmitir falsedades
El mismo principio que hemos venido viendo también aparece entre los propios apóstoles.
Pedro había sido escogido personalmente por Cristo.
Había recibido enormes responsabilidades.
Sin embargo, Pablo dice:
“Me enfrenté con él cara a cara, porque claramente estaba equivocado.” Gálatas 2:11
Y la conducta equivocada de Pedro llegó a influir sobre otros:
“...hasta Bernabé se dejó arrastrar.” Gálatas 2:13
Que Cristo utilizara a Pedro no significaba que cada decisión de Pedro procediera de Cristo.
Y reconocer que Pedro se había equivocado tampoco significaba negar que Cristo lo utilizara.
Las dos cosas podían ser ciertas al mismo tiempo.
Naturalmente, no podemos comparar a Pedro con Jezabel. La situación era completamente diferente.
Pero sí podemos comparar la actitud que Pablo adoptó ante el error con la que Cristo esperaba de los cristianos fieles de Tiatira.
Cristo no esperaba que sus discípulos se sometieran pasivamente al error para preservar la unidad.
Esperaba que actuaran frente a aquello que estaba dañando a la congregación.
Pablo entendió ese principio.
No consideró que respetar la posición de Pedro significara aceptar su conducta equivocada. Tampoco pensó que enfrentarlo pusiera en peligro la unidad cristiana.
Lo enfrentó precisamente para proteger la verdad y evitar que su conducta desviara a otros.
Esto nos enseña otro principio fundamental:
La lealtad a Cristo está por encima de la lealtad a cualquier hombre, incluso cuando ese hombre ocupa una posición de responsabilidad dentro de la congregación.
Por eso, cuando encontramos un error, la respuesta bíblica no es ignorarlo simplemente porque procede de alguien a quien respetamos.
Debemos examinarlo, confrontarlo cuando sea necesario y permanecer firmes en aquello que reconocemos como verdadero.
Jesús dijo que el trigo y la mala hierba permanecerían mezclados
Este patrón que hemos venido observando en las Escrituras aparece todavía más claramente en una de las parábolas de Jesucristo y nos permite comprender mejor el cuadro completo.
Jesús explicó:
“El sembrador de la semilla excelente es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; en cuanto a la semilla excelente, estos son los hijos del Reino; pero la mala hierba son los hijos del Maligno, y el enemigo que la sembró es el Diablo.” Mateo 13:37-39
Aquí se habla de dos grupos que permanecen mezclados en el mismo campo.
Los dos grupos permanecerían juntos hasta la siega.
¿Y quién realiza finalmente la separación?
“La siega es una conclusión de un sistema de cosas, y los segadores son los ángeles.” Mateo 13:39
Y añade:
“El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y ellos juntarán de su Reino todas las cosas que hacen tropezar y a los que cometen desafuero.” Mateo 13:41
Notemos algo importante:
La separación definitiva la realizan Cristo y sus ángeles.
No nosotros.
Esto nos ayuda a comprender una realidad que hemos venido observando en los ejemplos anteriores.
A lo largo de la historia, la proclamación del evangelio se ha realizado mediante personas, congregaciones y estructuras humanas en las que han coexistido verdaderos cristianos con personas y enseñanzas que no estaban en armonía con la voluntad de Dios.
La parábola de Jesús muestra precisamente que esta mezcla no sería eliminada completamente antes de la siega.
Por lo tanto, no debemos esperar encontrar en la historia humana una estructura completamente libre de toda contaminación.
La separación definitiva no corresponde a los hombres.
Tiene un momento establecido por Dios y será realizada por Cristo mediante sus ángeles.
Esto también nos ayuda a comprender nuestras propias responsabilidades.
No podemos pretender realizar hoy una separación definitiva que Cristo ha reservado para el momento de la siega.
Pero eso no significa que debamos tolerar pasivamente el error.
Podemos y debemos defender la verdad, advertir contra aquello que hace tropezar y evitar que la mala hierba termine ahogando la semilla excelente.
Nuestra responsabilidad no es producir una congregación humana absolutamente libre de todo error.
Nuestra responsabilidad es permanecer fieles a Cristo, aferrarnos a la verdad y actuar cuando el error amenaza con dañar la fe de otros.
La separación definitiva pertenece a Cristo.
Nuestra tarea es permanecer fieles mientras esperamos que él la realice.
La corrupción vendría desde dentro
Esta lucha entre los hijos del Reino y quienes introducen corrupción aparece constantemente en las Escrituras Griegas.
Pablo advirtió:
“De entre ustedes mismos se levantarán hombres que dirán cosas retorcidas para arrastrar a los discípulos detrás de ellos.” Hechos 20:30
Pedro dijo:
“Habrá falsos maestros entre ustedes.” 2 Pedro 2:1
Judas habló de:
“ciertos hombres que se han infiltrado entre ustedes.” Judas 4
Y Juan dijo acerca de los anticristos:
“Salieron de entre nosotros.” 1 Juan 2:19
Todas estas expresiones apuntan en la misma dirección.
La principal amenaza espiritual no necesariamente llegaría siempre desde afuera.
Podría aparecer desde dentro del propio ámbito cristiano.
Y los apóstoles no hablaban de esta posibilidad como algo remoto. Por el contrario, sus advertencias muestran que esperaban que este peligro apareciera entre los propios cristianos.
Por eso las Escrituras repiten constantemente exhortaciones como:
luchar por la fe (Judas 3), permanecer en la enseñanza (2 Juan 9), examinar todas las cosas (1 Tesalonicenses 5:21), poner a prueba las enseñanzas (1 Juan 4:1), y aferrarse firmemente a lo recibido (1 Corintios 15:2).
Si todo aquello que procediera de una estructura reconocida como cristiana fuera automáticamente seguro y verdadero, gran parte de estas advertencias serían innecesarias.
Los cristianos no recibirían constantemente el mandato de examinar y poner a prueba lo que escuchan.
Esto vuelve a mostrarnos un principio que hemos encontrado repetidamente:
Dios no ha establecido que todo instrumento humano que utilice para transmitir la verdad deba permanecer completamente libre de error o corrupción.
Las Escrituras muestran, más bien, que dentro del ámbito cristiano existirían verdaderos creyentes junto con personas que introducirían enseñanzas y prácticas corruptoras.
Por eso, nuestra confianza definitiva no puede descansar en una estructura humana.
Debe descansar en Jehová y en Jesucristo.
Y nuestra responsabilidad es examinar lo que recibimos a la luz de las Escrituras, conservar aquello que es verdadero y rechazar aquello que contradice la enseñanza de Cristo.
Jesús advirtió especialmente sobre falsos profetas
Cuando Jesús habló acerca del futuro, dijo:
“Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios para extraviar, si fuera posible, hasta a los escogidos.” Mateo 24:24
Esta advertencia merece mucha más atención de la que normalmente recibe.
Si leemos completa la respuesta de Jesús acerca de lo que ocurriría en el futuro, encontramos que hace especial hincapié en el peligro del engaño religioso. Los terremotos, las guerras, las pestes y otras señales suelen captar la atención de los lectores, pero Jesús dedicó una parte importante de su advertencia a algo mucho más peligroso para la fe:
las falsas enseñanzas y el engaño religioso.
Y aquí aparece una pregunta importante:
¿Cómo podrían los falsos profetas representar un peligro real para “los escogidos” si estos asumieran que el engaño siempre vendría claramente identificado desde fuera?
El peligro existe precisamente porque el engaño puede presentarse de una manera suficientemente convincente como para intentar extraviar incluso a quienes desean permanecer fieles a Dios.
Jesús no dijo que los falsos profetas intentarían engañar solamente a personas que no conocieran las Escrituras.
Dijo que intentarían extraviar, “si fuera posible, hasta a los escogidos”.
Esto demuestra que ninguna posición religiosa, responsabilidad o pertenencia a una comunidad hace innecesario examinar cuidadosamente lo que se enseña.
Y cuando unimos esta advertencia con las que ya hemos visto, el cuadro se vuelve todavía más claro.
Recuerde, como ya hemos mencionado:
Pablo advirtió que “de entre ustedes mismos” se levantarían hombres que enseñarían cosas retorcidas (Hechos 20:30).
Pedro dijo que habría “falsos maestros entre ustedes” (2 Pedro 2:1).
Judas habló de hombres que “se infiltraron entre ustedes” (Judas 4).
Y Juan explicó que algunos anticristos “salieron de entre nosotros” (1 Juan 2:19).
Por lo tanto, el peligro de la corrupción espiritual no debía ser buscado únicamente fuera del ámbito cristiano.
También podía surgir desde dentro.
Nuevamente, esto no es una especulación nuestra.
Tampoco esta advertencia nace de una interpretación posterior de los cristianos. Su fuente es Jesucristo mismo, y sus apóstoles, siguiendo sus enseñanzas, repitieron y desarrollaron esta misma advertencia ante las congregaciones. Por eso, la verdadera seguridad del cristiano no consiste en asumir que una estructura humana jamás puede equivocarse.
Consiste en mantener la mirada puesta en Cristo, examinar lo que se enseña a la luz de las Escrituras y permanecer firmemente aferrados a la verdad.
El peligro de creer que dentro no puede aparecer el error
Aquí encontramos una idea que consideramos particularmente peligrosa dentro de la historia moderna de los Testigos de Jehová.
Durante el desarrollo doctrinal del siglo XX se relacionaron 1914 y los acontecimientos posteriores con la separación del trigo y la mala hierba. Según esta idea, las religiones de la cristiandad representan la mala hierba, mientras que la organización de los Testigos de Jehová se identifica con el trigo y es el granero; es decir, los ángeles habrían comenzado la separación hace más de 100 años y estarían atando la mala hierba para ser quemada.
El efecto práctico de esta interpretación puede ser extremadamente peligroso:
si creemos que la separación ya ocurrió y que estamos dentro del granero, como parte del grupo identificado con el trigo, resulta mucho más difícil aceptar que falsos maestros puedan aparecer dentro de nuestra propia estructura.
Los falsos maestros son identificados por Jesús con los hijos del inicuo. Por lo tanto, si sencillamente estamos dentro del granero, podría parecer lógico concluir que allí no puede haber hijos del inicuo ni, por consiguiente, falsos maestros. La separación implica la pureza total y la ausencia de enseñanza falsa.
No nos pondremos a demostrar aquí que esta interpretación es errada, porque nos desviaríamos del tema. Pero esta interpretación no es un simple error inofensivo.
Su efecto puede ser mucho más profundo:
puede terminar debilitando precisamente las advertencias que Jesús y los apóstoles dejaron para proteger a los cristianos.
Todas estas advertencias pueden quedar prácticamente desactivadas en la mente de los Testigos de Jehová, y muchos ni siquiera consideran que la falsedad pueda surgir dentro de su propia organización.
Nosotros rechazamos esa seguridad.
Creemos que, mientras Cristo no realice la separación definitiva, ninguna organización humana puede declararse libre de la posibilidad de corrupción interna.
Cuando una enseñanza termina desarmando al cristiano frente al engaño
Aquí vemos un posible paralelo con Tiatira.
La “Jezabel” de Tiatira afirmaba poseer autoridad espiritual y enseñaba dentro de la congregación.
Los discípulos debían detectar y rechazar esa influencia.
Pero imagine qué habría ocurrido si aquellos cristianos hubieran aceptado previamente una idea como esta:
“Dentro de nuestro candelabro no puede aparecer una enseñanza procedente de Satanás.”
O, utilizando el lenguaje de la interpretación que estamos analizando:
“Somos el granero; aquí no hay mala hierba.”
Habrían quedado prácticamente indefensos frente a Jezabel.
Por eso consideramos que enseñar a los cristianos que el canal que consideran oficial está esencialmente protegido de una contaminación de esa naturaleza puede convertirse, paradójicamente, en una de las ideas más peligrosas que podrían aceptar.
Nuestra interpretación es que una idea así puede cumplir precisamente la función que tendría una enseñanza como la de Jezabel:
desactivar la capacidad del cristiano para detectar el error cuando aparece desde una fuente que reclama autoridad divina.
El problema, por tanto, no es solamente que una enseñanza sea verdadera o falsa.
También debemos preguntarnos:
¿Nos permite esta enseñanza examinar y detectar el error, o nos enseña que el error no puede proceder de la fuente que la transmite?
Porque si una enseñanza consigue que el cristiano deje de examinar precisamente aquello que más debería examinar, puede terminar convirtiéndose en una protección para el engaño.
La libertad de conciencia en los primeros años
Charles Taze Russell se equivocó en diferentes cuestiones. Es un hecho.
Pero reconocía un principio que consideramos profundamente bíblico: la conciencia cristiana no debe quedar sometida a otros hombres.
En Zion's Watch Tower, septiembre de 1893, escribió:
“El intento de obligar a todos los hombres a pensar igual sobre todos los asuntos culminó en la gran apostasía...”
En 1894, Watch Tower afirmó:
“Cualquier violación de la conciencia es pecado [...] a los hermanos [...] se les debe dejar la libertad de sus conciencias.”
Y Russell escribió en 1900:
“No ataremos a otros a nuestras convicciones, ni permitiremos que otros nos aten a las suyas.”
Estas declaraciones no convierten a Russell en nuestra autoridad, ni consideramos que todo lo que enseñó fuera correcto.
Pero muestran algo importante.
En los primeros años del movimiento de los Estudiantes de la Biblia existía una clara conciencia del peligro de someter la conciencia cristiana a la autoridad de otros hombres.
El principio era sencillo:
nadie debía permitir que otro hombre decidiera por él aquello que correspondía a su propia conciencia delante de Dios.
Y este principio resulta especialmente importante para nuestra comunidad.
No queremos sustituir una autoridad central por otra.
Queremos recuperar una verdad bíblica fundamental:
cada cristiano es responsable personalmente delante de Dios y de Cristo por las decisiones que toma y por aquello que acepta como verdadero.
El contraste con la enseñanza actual merece una seria reflexión
El contraste entre este principio y determinadas declaraciones contemporáneas del Cuerpo Gobernante merece una reflexión seria.
En publicaciones recientes se ha preparado a los Testigos para recibir instrucciones que puedan parecer:
“extrañas, poco prácticas o ilógicas”.
Y en discursos recientes esta lógica se ha extendido incluso a instrucciones que una persona podría considerar intrusivas en su vida personal o potencialmente peligrosas.
Puede verlo, por ejemplo, en este video de JW.org:
Jonathan Smith: “Seamos fieles hasta en lo mínimo” (Luc. 16:10) →
Allí se llega incluso a plantear que, aunque durante un período muy prolongado —1.500 años según el discurso— no comprendamos la razón de determinada instrucción del cuerpo gobernante de los testigos de Jehová, debemos aceptarla y seguirla aunque no nos parezca lógica.
Lo que consideramos especialmente preocupante es que esta idea y diferentes variantes de ella no aparecen como una declaración aislada. Desde hace bastante tiempo se repite de distintas maneras en los programas de enseñanza de los Testigos de Jehová.
Esto merece ser analizado como un patrón, y no simplemente como un error ocasional de algún orador.
El principio que se está construyendo está muy claro y lo dicen sin rodeos:
obedecer sin dudar porque confiamos en quienes transmiten la instrucción, aun cuando nuestra propia capacidad de evaluar la situación nos advierta que algo podría estar mal.
Consideramos que este principio entra en conflicto directo con la responsabilidad cristiana de examinar, discernir y actuar conforme a una conciencia educada por las Escrituras.
De hecho, se afirma que la luz ha progresado y que se hace cada vez más brillante.
Pero cuando comparamos lo que Russell escribió hace más de cien años sobre la libertad de conciencia con estas enseñanzas actuales acerca de la obediencia, surge una pregunta inevitable:
¿Estamos realmente ante un aumento de luz o ante un retroceso en un principio cristiano fundamental?
Desde nuestro punto de vista, en este aspecto concreto no encontramos mayor luz, sino un oscurecimiento del principio de la responsabilidad personal del cristiano delante de Dios.
Estas ideas de obediencia prácticamente incuestionable nos parecen profundamente contrarias a las enseñanzas de las Escrituras, como puede ver en este enlace.
Fundamento bíblico sobre la conciencia, la responsabilidad personal y la obediencia ciega →
Por lo tanto, consideramos que en este aspecto se produjo un retroceso peligroso y no un avance en la enseñanza.
Y esto plantea una cuestión todavía más profunda:
¿Qué ocurre cuando una enseñanza humana termina ocupando el lugar que antes correspondía a un principio bíblico?
No nos cansaremos de repetir que la pandemia de COVID-19 mostró de manera especialmente clara lo peligroso que puede llegar a ser este sistema de autoridad.
Si una estructura central consigue que millones de personas acepten sus instrucciones como si fueran prácticamente la expresión de la voluntad de Jehová, entonces controlar la estructura que transmite esas instrucciones significa ejercer una enorme influencia sobre la conciencia y las decisiones de todos aquellos que confían en ella.
Eso fue precisamente lo que ocurrió durante la pandemia. Los gobiernos y las autoridades sanitarias ejercieron presión sobre el Cuerpo Gobernante, y este dejó de lado, principios que anteriormente se habían sostenido respecto a la neutralidad en decisiones médicas personales. Se produjeron concesiones impropias, se justificaron esas decisiones mediante distorsiones de las Escrituras y se transmitieron a los hermanos afirmaciones que, lamentablemente, terminaron perjudicando a muchos de ellos en sentido físico y espiritual.
La analogía con el cuerpo humano resulta clara: la cabeza controla el cuerpo. Si nuestra Cabeza no es realmente Cristo, sino un grupo de hombres que ocupa en la práctica ese lugar, entonces resulta evidente que, controlando a quienes ejercen esa autoridad, también se puede llegar a controlar a quienes dependen de sus instrucciones.
Por eso la cuestión fundamental no es simplemente quién dirige EN TEORÍA una organización, sino quién ocupa realmente el lugar de Cabeza sobre la conciencia del cristiano.
Eso nos obliga a volver al principio fundamental que hemos venido examinando a lo largo de este artículo:
Cristo es la Cabeza de la congregación.
Los apóstoles no enseñaron a los cristianos a entregar su conciencia a un grupo de hombres.
Por el contrario, enseñaron a examinar, poner a prueba, discernir y permanecer fieles a Cristo y a las Escrituras.
Y precisamente por eso consideramos que este no es un asunto meramente administrativo.
Es una cuestión de quién ocupa realmente el lugar de autoridad sobre la conciencia del cristiano: Cristo o los hombres.
La responsabilidad delante de Dios no se puede delegar
Aquí está una de las diferencias fundamentales de esta comunidad.
Ninguna persona puede presentarse delante de Dios en nuestro lugar.
Ningún anciano. Ningún comité. Ninguna estructura humana. Ningún Cuerpo Gobernante.
Cada cristiano responderá individualmente delante de Dios.
Por eso, ceder nuestra conciencia a hombres y obedecer instrucciones que nos parezcan ilógicas o extrañas no es necesariamente una muestra de humildad, como habitualmente enseña el Cuerpo Gobernante.
Puede convertirse, por el contrario, en una renuncia a una responsabilidad que Dios nunca nos autorizó a delegar.
Y cuando una persona acepta algo que considera contrario a la verdad simplemente porque una autoridad religiosa se lo exige, puede terminar participando personalmente de aquello que está mal.
Eso es precisamente lo que encontramos en el caso de Tiatira.
Jezabel enseñaba. Algunos aceptaban su enseñanza. Otros la rechazaban.
Y, sin embargo, Cristo no trató a todos de la misma manera.
A quienes habían seguido aquella influencia los llamó al arrepentimiento, mientras que a quienes no habían aceptado sus enseñanzas les dijo:
“A ustedes, los demás que están en Tiatira, a todos los que no tienen esta enseñanza... les digo: No les impongo ninguna otra carga.” Apocalipsis 2:24
Cristo, por tanto, distinguió entre las distintas actitudes existentes dentro de la misma congregación.
La responsabilidad delante de Cristo seguía siendo personal.
Esto nos enseña algo fundamental: pertenecer a una congregación, respetar a quienes llevan responsabilidades o confiar en quienes enseñan no elimina nuestra responsabilidad individual delante de Dios.
Nadie puede entregar su conciencia a otro hombre y después esperar que ese hombre responda por él delante de Cristo.
Una lucha mucho más profunda
Por eso creemos que lo que está ocurriendo entre los Testigos de Jehová es mucho más profundo que algunas de las explicaciones simplistas que encontramos entre sus críticos.
No creemos que pueda reducirse a:
“Todo fue una mentira”.
“Todos fueron engañados”.
“Es una empresa inmobiliaria disfrazada de religión”.
O:
“Dios nunca tuvo nada que ver con aquello”.
Las Escrituras presentan una realidad mucho más compleja.
Desde el comienzo del cristianismo existe una lucha entre la verdad y el error dentro del propio ámbito religioso.
Existe trigo.
Existe mala hierba.
Existen cristianos sinceros.
Existen falsos maestros.
Existen instrumentos que transmiten luz.
Y esos mismos instrumentos pueden contaminarse.
Esto no es una anomalía que Dios no hubiera previsto. Es un patrón que encontramos repetidamente en las Escrituras.
Jehová y su Hijo permitieron que esta realidad existiera dentro del ámbito cristiano, y las Escrituras muestran que esto cumple un propósito claro: que cada cristiano desarrolle discernimiento, examine lo que recibe, permanezca aferrado a Cristo y asuma personalmente su responsabilidad delante de Dios.
Por eso, el problema que estamos analizando no se resuelve con preguntas tan simples como:
“¿Es verdadera o falsa la organización?”
Necesitamos responder preguntas más profundas como:
¿Qué ocurre cuando un instrumento que ha transmitido verdad también transmite error, y los cristianos dejan de examinarlo porque creen que ya ha sido identificado como el instrumento de Dios?
Ahí es donde nuestra lucha se vuelve mucho más profunda.
No se trata simplemente de abandonar una organización o permanecer en ella. Se trata de no permitir que ningún instrumento humano ocupe el lugar que corresponde exclusivamente a Cristo.
El hombre del desafuero
Pablo presenta esta realidad de una manera todavía más profunda en su segunda carta a los Tesalonicenses.
Habla primero de una apostasía y después de un:
“hombre del desafuero”
que:
“se sienta en el templo de Dios, presentándose públicamente como un dios”.
2 Tesalonicenses 2:3-4
Esto resulta especialmente significativo.
Las Escrituras utilizan repetidamente el templo en relación con el pueblo de Dios. Por eso entendemos esta profecía como otra advertencia acerca de una autoridad apóstata que surge dentro del ámbito que afirma pertenecer a Dios y que termina colocándose en una posición de autoridad sobre sus siervos.
El punto importante es precisamente dónde se coloca este hombre.
Pablo no lo presenta simplemente como alguien que aparece fuera del pueblo de Dios para atacarlo desde el exterior.
Lo presenta “en el templo de Dios”, arrogándose una posición que no le corresponde.
Es decir, el peligro descrito por Pablo no es simplemente la oposición abierta contra Dios.
Es la aparición de una autoridad que, mientras afirma representar a Dios, termina ocupando un lugar que pertenece a Dios.
Esto encaja con el patrón que hemos venido observando.
En Tiatira encontramos una influencia que enseña dentro de la congregación.
En Pérgamo encontramos personas que sostienen enseñanzas equivocadas dentro de ella.
Pablo advirtió que “de entre ustedes mismos se levantarán hombres” que arrastrarían discípulos detrás de ellos.
Y ahora Pablo lleva la advertencia todavía más lejos: habla de una figura asociada con la apostasía que llega a ocupar una posición de autoridad dentro del templo de Dios.
Pablo continúa:
“La presencia del desaforado es según la operación de Satanás con toda obra poderosa y señales y portentos presagiosos mentirosos, y con todo engaño injusto...”
2 Tesalonicenses 2:9-10
Y después añade:
“Por eso Dios deja que les vaya una operación de error, para que lleguen a creer la mentira.”
2 Tesalonicenses 2:11
Esto merece especial atención.
Pablo no está diciendo que Dios produzca la mentira ni que él engañe a sus siervos.
La idea es que Dios permite que exista una situación en la que la verdad y el engaño entren en conflicto, y las personas revelan mediante su reacción qué aman realmente y a qué están dispuestas a aferrarse.
El propio contexto lo explica:
“para que sean juzgados todos los que no creyeron la verdad, sino que se deleitaron en la injusticia.”
2 Tesalonicenses 2:12
Por eso nuestra interpretación es que estos textos forman parte del mismo patrón que hemos observado desde Tiatira.
Dios permite que dentro del ámbito religioso exista una prueba real entre verdad y mentira.
No porque Dios produzca la mentira, sino porque permite que cada cristiano demuestre a qué se aferrará cuando la verdad entre en conflicto con una autoridad humana.
Y esto nos lleva nuevamente a la cuestión de la responsabilidad individual.
Durante estos casi dos mil años, personas de todo tipo han sido llamadas al camino de Dios. En medio de ese proceso han existido verdad y error, buenos maestros y falsos maestros, cristianos fieles y personas que han intentado ejercer una autoridad que no les correspondía.
Las Escrituras muestran que Dios no ha eliminado inmediatamente todas esas fuentes de error.
Ha permitido que existan.
Y nuestra reacción ante ellas también revela quiénes somos.
Cuando encontramos una enseñanza equivocada, ¿la aceptamos simplemente porque procede de una autoridad que respetamos?
¿O examinamos, comparamos y permanecemos fieles a Cristo?
¿Tropezamos y abandonamos todo?
Cuando descubrimos que hemos seguido algo equivocado, ¿somos capaces de reconocerlo y corregirlo?
¿O defendemos la autoridad humana que nos llevó hasta allí?
Nuestra reacción ante el error puede revelar si estamos desarrollando el discernimiento y la madurez que Dios espera de nosotros.
Jehová y Jesucristo tienen la mirada fija en cada uno de nosotros y lo que hacemos. Recordemos, Jesús llegó a decir que hasta “los cabellos de la cabeza” están contados. (Mateo 10:30).
Por eso entendemos nuestra vida cristiana como un proceso prolongado de formación, prueba y selección.
No somos llamados simplemente a entrar en una organización que nos garantice que todo lo que allí se enseña será correcto, eso sería sumamente fácil.
Somos llamados a seguir a Cristo, conocer la verdad, desarrollar discernimiento y demostrar mediante nuestras decisiones a quién somos realmente fieles.
Y este proceso tendrá finalmente una culminación.
Llegará el momento en que Cristo mismo realizará la separación definitiva y pondrá de manifiesto quiénes permanecieron fieles.
En ese momento el granero solo tendrá trigo porque la mala hierba será eliminada.
Cristo juzgará.
Y cada uno recibirá de acuerdo con sus obras y con la fidelidad que haya demostrado.
Hasta entonces, nuestra responsabilidad no es encontrar una estructura humana que sea incapaz de equivocarse. Esa búsqueda es inútil.
Nuestra responsabilidad es permanecer aferrados a la Cabeza, Jesucristo, y no permitir que ninguna autoridad humana ocupe su lugar.
El engaño dirigido a los escogidos debe ser más sofisticado
El engaño dirigido a los escogidos debe ser más sofisticado
Una persona que vive exclusivamente para satisfacer sus propios deseos puede ser apartada de Dios mediante tentaciones relativamente sencillas.
Pero ¿cómo se puede engañar a alguien que sinceramente desea obedecer a Dios, que ha dedicado su vida a servirle y que considera la fidelidad a Jehová como una de las cosas más importantes de su existencia?
El engaño debe adoptar otra forma.
Debe elevarse de nivel.
No basta con convencer a esa persona de que haga algo que sabe que está mal. Eso probablemente despertaría inmediatamente su conciencia. No funcionaria.
El engaño más eficaz tendría que conseguir algo mucho más profundo:
hacer que la persona crea que está obedeciendo a Dios precisamente cuando está haciendo algo contrario a su voluntad.
Por eso resulta tan significativa la advertencia de Jesús:
“Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios para extraviar, si fuera posible, hasta a los escogidos.” Mateo 24:24
Jesús no estaba hablando de personas que simplemente rechazaran a Dios.
Estaba hablando de un engaño capaz de alcanzar “hasta a los escogidos”.
Eso significa que el engaño tendría que ser suficientemente convincente como para superar las defensas espirituales de personas que desean sinceramente permanecer fieles a Dios.
Por eso consideramos especialmente peligrosa cualquier enseñanza que convierta la obediencia a seres humanos en una prueba de obediencia a Jehová.
Mientras la instrucción humana coincide con la voluntad de Dios, ambas cosas pueden parecer exactamente iguales.
Pero puede llegar un momento en que obedecer a los hombres y obedecer a Dios dejen de ser la misma cosa.
Y precisamente en ese momento el cristiano necesita conservar su conciencia y recordar quién es realmente su Cabeza.
El problema no es necesariamente la falta de devoción
Pensemos en lo que ocurre en la mente de muchos Testigos de Jehová.
No podemos ignorar un hecho evidente: muchísimos de ellos desean sinceramente hacer la voluntad de Jehová.
Lo han demostrado mediante décadas de sacrificios personales, predicación, estudio bíblico, oposición familiar, renuncias personales y una dedicación que, en muchos casos, resulta extraordinaria.
Además, comprenden perfectamente el concepto de devoción exclusiva a Jehová.
Por eso, si una persona así llegara a realizar algo que objetivamente constituyera una desviación de la voluntad de Dios, no necesariamente lo haría porque hubiera decidido abandonar a Jehová.
Podría hacerlo precisamente porque cree que está obedeciendo a Jehová.
Ahí es donde el engaño alcanza un nivel mucho más profundo.
La persona no piensa:
“Voy a desobedecer a Dios porque quiero seguir a estos hombres.”
Piensa:
“Voy a obedecer estas instrucciones porque creo que Jehová está dirigiendo a estos hombres.”
La diferencia es enorme.
En el primer caso existe una rebelión consciente.
En el segundo puede existir una obediencia sincera basada en una premisa equivocada.
El resultado sigue siendo pecado, por supuesto; pero en el segundo caso el engaño requiere un nivel de estrategia y sofisticación considerablemente mayor.
Y esto explica por qué consideramos tan importante examinar cuidadosamente cualquier estructura de autoridad religiosa que llegue a ocupar ese lugar en la mente del cristiano.
Cuando la obediencia a hombres puede convertirse en un engaño espiritual
El peligro aparece cuando se establece una equivalencia:
obedecer al Cuerpo Gobernante = obedecer a Jehová.
Si esa equivalencia queda profundamente arraigada en la conciencia, una persona puede llegar a obedecer una instrucción que normalmente habría considerado incorrecta, simplemente porque cree que rechazarla equivaldría a rechazar a Jehová.
En ese punto, la autoridad humana deja de ser simplemente una ayuda para comprender las Escrituras y comienza a funcionar como el intermediario mediante el cual la persona determina qué exige Dios de ella.
Y entonces surge la pregunta fundamental:
¿Qué ocurriría si esa autoridad se equivocara?
Cuanto mayor sea la confianza depositada en ella, mayor será también el potencial de daño.
Y cuanto más sincero sea el cristiano que confía en ella, más difícil puede resultar que reconozca el engaño, porque su propia motivación —obedecer a Dios— puede estar siendo utilizada como parte del mecanismo que lo mantiene sometido.
Por eso el nivel del engaño debe ser elevado
Quienes hemos examinado durante años las enseñanzas y métodos utilizados por el Cuerpo Gobernante y la organización Watchtower podemos percibir, en muchos casos, un nivel considerable de argumentación, reinterpretación y distorsión de las Escrituras para sostener determinadas posiciones erradas.
Desde nuestra perspectiva, esto resulta coherente con la naturaleza del objetivo.
No se estaría manipulando a personas que no quieren obedecer a Dios.
Se estaría intentando influir sobre personas que quieren obedecerlo por encima de cualquier otra cosa.
Por eso el engaño no puede presentarse abiertamente como una rebelión contra Jehová.
Tiene que presentarse como obediencia a Jehová.
No puede decir:
“Abandone a Dios y siga a los hombres.”
Tiene que decir:
“Siga a estos hombres porque Dios los está utilizando.”
Y ahí encontramos, precisamente, el peligro que Jesús advirtió cuando dijo que los falsos profetas intentarían extraviar, “si fuera posible, hasta a los escogidos”.
La sincera devoción de muchos Testigos de Jehová no es el problema; de hecho, esa devoción a Jehová es correcta y digna de admiración. Precisamente por eso el problema adquiere una gravedad especial y nuestro planteamiento cobra mayor importancia.
Cuanto más desea una persona obedecer a Jehová, más importante resulta asegurarse de que su obediencia realmente esté dirigida a Jehová y a Jesucristo, y no a hombres que afirman hablar en su nombre.
La protección, por tanto, no consiste en disminuir nuestra devoción.
Consiste en dirigirla correctamente.
Una devoción profunda necesita también un discernimiento profundo.
Entonces, ¿qué pensamos de los Testigos de Jehová?
Amamos profundamente a los Testigos de Jehová y sentimos por ellos un cariño sincero y especial.
Muchos de nosotros hemos vivido junto a ellos una parte enorme de nuestra vida.
Hemos predicado juntos. Hemos estudiado juntos. Hemos sufrido juntos. Hemos servido a Dios juntos. Hemos llorado y reído juntos.
Por eso no hablamos de ellos desde la distancia ni desde el desprecio.
Los conocemos muy bien y los consideramos nuestros hermanos.
Jamás les diremos que desperdiciaron su vida por haber servido sinceramente a Jehová.
Creemos que esa afirmación sería cruel y falsa, y se parecería mucho al falso consuelo que recibió Job de quienes afirmaban ser sus amigos.
Muchos Testigos de Jehová han realizado sacrificios que muy pocas personas estarían dispuestas a realizar.
Lo sabemos, lo hemos visto y consideramos que eso tiene muchísimo valor.
Han puesto su vida al servicio de Jehová.
Han renunciado a comodidades, oportunidades y proyectos personales.
Han soportado oposición familiar y social.
Han dedicado incontables horas a estudiar las Escrituras y hablar a otros acerca de Jehová.
Todo eso tiene un valor incalculable y cualquier persona que valore lo espiritual lo ve.
Acerca de Jehová nos dice la biblia :
“no es injusto para olvidar la obra de ustedes y el amor que demostraron por su nombre.” Hebreos 6:10
Sus años de servicio no desaparecen porque otros hayan cometido errores.
Sus sacrificios siguen teniendo valor.
El amor que demostraron sigue teniendo valor.
La fe que desarrollaron sigue teniendo valor.
Nadie puede quitarles esos tesoros.
Jesús mismo enseñó que los tesoros que acumulamos en el cielo no pueden ser destruidos ni robados. Mateo 6:19-20
Por eso nunca les diremos:
“Abandonen todo, ya que como se equivocaron en algunas cosas nada valió y desperdiciaron su vida”.
Queremos decirles:
“Continúen.”
La decisión de escoger a Jehová fue correcta.
Conserven lo bueno.
Sigan creciendo.
Sigan buscando a Dios.
Sigan a Jesucristo.
Y comprendan que los falsos maestros también pueden utilizar canales que nosotros considerábamos oficiales, seguros o incontaminados.
Cuando comprendemos esto, las advertencias de Cristo vuelven a tener todo su sentido.
No necesitan abandonar su fe
Hay algo que consideramos especialmente importante que se comprenda
No creemos que el problema sea su deseo de servir a Jehová.
Ese deseo es precisamente algo que admiramos.
El espíritu santo no es algo que simplemente se afirma tener; sus efectos se demuestran en la vida de una persona. Y es innegable que muchísimos Testigos de Jehová han demostrado mediante su conducta, su fe, su amor y sus sacrificios que poseen cualidades espirituales genuinas.
No pretendemos darles algo que ellos ya poseen y fue dado por Dios.
Queremos ayudarles a identificar y quitar aquello que, en determinados aspectos, puede estar interfiriendo entre ellos y el ejercicio pleno de esa fe.
Si una enseñanza humana les impide examinar libremente las Escrituras, esa enseñanza debe ser examinada.
Si una estructura los lleva a considerar que obedecer a hombres equivale necesariamente a obedecer a Dios, esa equivalencia debe ser examinada.
Y si una conciencia sincera ha quedado condicionada por el temor a cuestionar determinadas instrucciones, esa conciencia necesita recuperar la libertad que Dios le concedió.
No se trata de destruir su fe.
Se trata de permitir que esa fe pueda desarrollarse plenamente bajo la autoridad de Cristo.
Porque nuestra convicción es que, cuando un cristiano deja de estar sometido a una autoridad humana que ocupa un lugar que no le corresponde y vuelve a mirar directamente a Cristo, no pierde su espiritualidad; puede, por el contrario, recuperar la libertad necesaria para ejercerla plenamente.
Y ese es precisamente uno de los propósitos de esta comunidad:
no sacar a las personas del camino de Dios, sino ayudarles a continuar recorriéndolo con Cristo como su única Cabeza.
¿Qué pensamos de la organización Watchtower?
Creemos que la organización Watchtower ha funcionado como un candelabro.
Ha tenido el privilegio de transmitir mucha luz a lo largo de décadas. Ha iluminado la vida de millones de personas. Ha tenido el inmenso privilegio de hacer conocido el nombre de Jehová. Ha distribuido Biblias y literatura bíblica. Ha enseñado a millones de personas a tomar en serio a Dios. Ha defendido verdades bíblicas y denunciado el error. Y ha ayudado a poner en el camino cristiano a millones de personas, incluidos muchos de nosotros.
Negarlo sería deshonesto.
Ha sido como una red barredera que atrapó para el Reino a muchísimos peces. Mateo 13:47-50
Pero creemos también que ese candelabro se ha contaminado.
Entendemos que dentro de él han aparecido ideas y formas de ejercer la autoridad que presentan un paralelo preocupante con aquello que Cristo condenó en Tiatira.
No afirmamos que cada detalle relacionado con Jezabel constituya una profecía directa acerca de la Watchtower.
La comparación que hacemos es de principio y de patrón.
La herramienta se ha transformado en el amo.
En ese sentido, consideramos que algunas ideas desarrolladas dentro de la organización pueden describirse, utilizando el lenguaje de Apocalipsis, como profundamente peligrosas y espiritualmente corruptoras.
Y si una estructura no se corrige, ningún privilegio pasado garantiza su permanencia futura.
Cristo podía retirar un candelabro.
Apocalipsis 2:5
Lo que hemos observado principalmente en la Watchtower durante los últimos años, y de manera especialmente preocupante, es que la lucha interna entre los hijos del Reino y los hijos del inicuo —siguiendo la parábola de Jesús sobre el trigo y la mala hierba— parece estar inclinándose peligrosamente hacia estos últimos.
No encontramos otra explicación satisfactoria para lo que consideramos una creciente distorsión de las Escrituras y la justificación de una obediencia prácticamente ciega a determinadas instrucciones, llegando incluso a dar a entender que las instrucciones procedentes de la organización deben ser recibidas como si fueran la palabra de Jehová.
Consideramos que esa idea es profundamente antibíblica y espiritualmente peligrosa.
Y precisamente porque reconocemos que una estructura puede haber sido utilizada por Dios en determinados momentos, no creemos que eso garantice que continuará siendo utilizada por Él indefinidamente.
Reconocer que Watchtower ha sido utilizada como instrumento para transmitir luz no significa creer que necesariamente continuará siéndolo.
Ese es, precisamente, uno de los principios que creemos que podemos aprender de los candelabros de Apocalipsis: el privilegio puede existir, la luz puede ser real y, al mismo tiempo, Cristo puede exigir corrección y finalmente retirar ese privilegio si la congregación o estructura no responde a sus advertencias.
¿Qué pensamos del Cuerpo Gobernante?
Aquí nuestra valoración es mucho más crítica.
No somos jueces de los corazones, ni deseamos serlo. Solo Jehová y Jesucristo pueden determinar la responsabilidad final de cada persona.
Pero las Escrituras sí nos permiten examinar y juzgar enseñanzas, afirmaciones y acciones. Y desde esa perspectiva, creemos que el Cuerpo Gobernante se encuentra en una posición espiritualmente muy peligrosa.
Una responsabilidad extraordinaria
El Cuerpo Gobernante posee enormes recursos.
Dispone de conocimiento. Conoce la historia de la organización. Conoce las decisiones que se han tomado a lo largo de las décadas. Conoce las consecuencias que determinadas decisiones han producido. Y posee una influencia extraordinaria sobre la conciencia de millones de personas.
Por eso su responsabilidad también es extraordinaria.
El propio Cuerpo Gobernante ha explicado en diversas ocasiones que, antes de tomar determinadas decisiones, cuenta con equipos que investigan las publicaciones de la organización desde sus comienzos y rastrean la información relacionada con cada asunto.
Si esto es así, resulta difícil comprender que no conozcan muchos de los problemas que estamos señalando aquí.
Pero existe algo todavía más importante.
La responsabilidad de quienes hablan en nombre de Dios
Toda persona es consciente, al menos en cierta medida, de su propia falibilidad.
Quienes ejercen autoridad también saben que pueden equivocarse.
Por eso consideramos especialmente grave que un grupo de hombres que reconoce su propia posibilidad de equivocarse pueda presentar determinadas instrucciones como si obedecerlas fuera equivalente a obedecer la dirección de Jehová.
Creemos que la creciente promoción de la obediencia al Cuerpo Gobernante y a la estructura que dirige constituye uno de los problemas espirituales más graves de la organización actual.
Especialmente preocupante resulta que esa obediencia pueda presentarse como necesaria incluso cuando una instrucción parezca ilógica, poco práctica, intrusiva o potencialmente peligrosa.
La pandemia mostró la gravedad del problema
Consideramos que la pandemia de COVID-19 nunca debe ser olvidada porque puso de manifiesto de manera especialmente clara y visible el peligro que puede producir una estructura de autoridad de esta naturaleza.
Cuando millones de cristianos están acostumbrados a considerar las instrucciones procedentes de una determinada autoridad como una expresión de la dirección de Jehová, controlar esa autoridad significa, en la práctica, ejercer una enorme influencia sobre la conciencia de todos aquellos que confían en ella.
Por eso consideramos que lo ocurrido durante aquellos años merece un examen espiritual muy serio.
Las consecuencias sobre las ovejas
Creemos que la conducta y las decisiones del Cuerpo Gobernante han contribuido a que miles de hermanos tropiecen, se desanimen y, en algunos casos, abandonen el camino cristiano.
Muchos han quedado desorientados y dispersos, como ovejas sin pastor.
Jesús advirtió con enorme severidad acerca de quienes hacen tropezar a sus discípulos:
“Al que haga tropezar a uno de estos pequeños que tienen fe en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino como la que hace girar un asno y lo hundieran en el mar.” Mateo 18:6
Estas palabras deberían hacer reflexionar profundamente a cualquiera que tenga autoridad espiritual sobre otros.
No deseamos su destrucción
A pesar de todo lo anterior, nuestro deseo no es la destrucción de quienes forman parte del Cuerpo Gobernante.
Deseamos su arrepentimiento.
Deseamos sinceramente que quienes lo integran reconozcan cualquier daño que hayan causado, asuman su responsabilidad cuando corresponda y vuelvan a colocar claramente la conciencia de cada cristiano bajo la autoridad de Dios y de Cristo.
Porque Dios:
“no desea que ninguno sea destruido, sino que todos alcancen el arrepentimiento.” 2 Pedro 3:9
Por eso nuestra crítica no nace del odio.
Precisamente porque consideramos grave la responsabilidad que tienen y porque sabemos el enorme bien que podría producir una corrección sincera, deseamos que rectifiquen.
No queremos que sean destruidos.
Queremos que se arrepientan, que corrijan lo que deba ser corregido y que vuelvan a reconocer plenamente que Cristo es la única Cabeza de la congregación.
¿Por qué esta postura es importante para nuestra comunidad?
Porque define también qué clase de comunidad queremos construir.
Esta comunidad no nace del odio hacia los Testigos de Jehová.
Por eso una persona cuyo principal interés sea insultarlos, ridiculizarlos, perseguirlos o convertir una congregación en un espacio dedicado permanentemente a atacar a la Watchtower y al cuerpo gobernante probablemente no encontrará aquí lo que busca.
No queremos construir nuestra identidad de esa forma.
Queremos construirla alrededor de Jehová, Jesucristo y las Escrituras.
Pero tampoco queremos repetir el extremo contrario.
No estamos dispuestos a cerrar los ojos ante errores graves simplemente porque procedan de personas o instituciones que en otro momento fueron utilizadas para hacer cosas buenas.
Queremos aprender de ambas experiencias.
Lo que queremos conservar
Queremos conservar la fe.
El amor por Jehová.
La centralidad de Jesucristo.
El respeto por las Escrituras.
El deseo de predicar.
El espíritu de sacrificio.
El amor entre hermanos.
La disposición a colocar la voluntad de Dios por encima de nuestros propios deseos.
Todo eso es increíblemente valioso.
No queremos destruirlo.
Queremos protegerlo porque es completamente verdad.
Lo que no queremos repetir
No queremos volver a entregar nuestra conciencia a un grupo de hombres.
No queremos crear una nueva clase dirigente.
No queremos construir una organización que algún día pueda afirmar que obedecerla equivale a obedecer a Dios.
No queremos enseñar que nuestras herramientas están protegidas de la corrupción.
Precisamente porque creemos las advertencias de Jesucristo, asumimos desde el principio que cualquier estructura humana puede desviarse.
Por eso esta comunidad se apoya en la autonomía congregacional, la transparencia, la libertad de conciencia, límites claros para toda herramienta común de servicio y mecanismos destinados a impedir que cualquier estructura de cooperación termine convirtiéndose en un organismo de control.
Nuestra conclusión
Nuestra postura no consiste en decir que todo estuvo bien.
Tampoco consiste en decir que todo estuvo mal.
Creemos que ambas respuestas son demasiado sencillas para la realidad que presentan las Escrituras.
Tiatira nos enseña que un candelabro puede transmitir luz mientras dentro de él existen enseñanzas profundamente corruptoras.
Pérgamo demuestra que fidelidad y error pueden coexistir.
Pedro demuestra que un hombre utilizado por Cristo puede equivocarse gravemente.
La parábola del trigo y la mala hierba muestra que ambos grupos coexistirían hasta que Cristo y sus ángeles realizaran la separación.
Los apóstoles advirtieron que falsos maestros surgirían desde dentro.
Y Pablo mostró que la apostasía podía desarrollarse en el propio ámbito que reclama pertenecer a Dios.
Por eso no creemos que descubrir errores en la organización Watchtower demuestre que Dios nunca pudo utilizarla.
Creemos exactamente lo contrario:
Dios puede utilizar instrumentos humanos imperfectos sin aprobar todo lo que esos instrumentos hacen.
Eso ocurrió repetidamente en las Escrituras.
Y creemos que comprenderlo libera al cristiano de dos extremos igualmente peligrosos:
la obediencia ciega
y
el rechazo ciego.
No necesitamos negar nuestra historia.
No necesitamos odiar a nuestros hermanos.
No necesitamos destruir todo aquello que recibimos.
Podemos examinarlo.
Podemos conservar lo verdadero.
Podemos rechazar lo falso.
Podemos aprender.
Y podemos continuar avanzando.
La instrucción bíblica sigue siendo extraordinariamente sencilla:
“Asegúrense de todas las cosas; aférrense a lo que está bien.”
1 Tesalonicenses 5:21
Y la exhortación de Cristo a los fieles de Tiatira resume perfectamente nuestra postura:
“Tengan firmemente asido lo que tienen hasta que yo venga.”
Apocalipsis 2:25